Tras la pérdida de su padre, Dayana y su familia encuentran esperanza: gracias a la fe en Jesús y al apoyo de Compassion, pueden mirar hacia el futuro con confianza.

Antes incluso de que el sol abrasador ilumine el barrio, Dayana, de quince años, ya está despierta. Se prepara para comenzar un nuevo día.
Dayana sueña con ser enfermera. Pero desde que su padre falleció de cáncer, las dificultades de la familia se han vuelto cada vez más duras.

«Cuando mi marido vivía, trabajábamos juntos en los campos de algodón y maíz todo el día. Era un trabajo duro, pero era lo único que podíamos hacer por nuestros hijos», cuenta María, la madre.
A pesar de todo, María afronta la vida con gratitud y una fuerza extraordinaria: «Mi marido conocía a Cristo. Tenemos que seguir adelante. Dios está con nosotros y nunca nos deja solos».

Cuando Dayana tenía tres años, la inscribieron en el centro Compassion, gestionado por la iglesia local. Desde entonces, ese lugar se ha convertido en una fuente de ánimo y esperanza para toda la familia.
En cuanto la profesora de Dayana y la directora del centro se enteraron de la muerte de su padre, actuaron de inmediato. Llevaron ayuda concreta a la familia.

«Contamos con un fondo especial para ayudar a las familias en situación de dificultad», explica la directora, Jessenia. «Dayana y su madre necesitaban cestas de alimentos. Damos gracias a Dios por poder estar a su lado».
El cuidado de los niños es una prioridad. En el centro, aprenden nuevos hábitos alimentarios y reciben revisiones médicas durante todo el año. Las cestas también se preparan con esmero, eligiendo alimentos nutritivos como huevos, alubias y pescado.

«Entregar estas cestas es también una oportunidad para compartir el amor de Dios», añade Jessenia.
Hoy, gracias al apoyo del centro Compassion, la familia ha recuperado la esperanza. Dayana y María miran hacia el futuro con más confianza.

«Si no fuera por Compassion, no habríamos recibido toda esta ayuda», cuenta Dayana. «He pasado por momentos difíciles, sobre todo durante la enfermedad de mi padre. Pero ellos estaban ahí, oraban por nosotros y nos cuidaban».
Luego continúa: «Me animaron a estudiar con dedicación y he aprendido que, con Cristo en nuestros corazones, podemos afrontar cualquier cosa».

María también reconoce lo fundamental que ha sido este apoyo. «Que mi hija estuviera inscrita en el centro ha ayudado a toda nuestra familia. Gracias a ella recibimos este apoyo».
«Cuando falleció mi marido, venían con cestas de alimentos. Eso me llenaba de alegría. También venían a visitarnos, nos llamaban. Nunca nos hemos sentido solos».
Para mamá María, esa ayuda tiene un significado profundo: «Siempre nos han ayudado como una verdadera familia en Cristo. Dios sabía que pasaríamos por estos momentos difíciles y nos envió a las personas del centro».

El camino de esta familia no es fácil, pero gracias a un corazón lleno de fe y a una comunidad llena de amor, María y Dayana siguen adelante día a día.
A veces, la esperanza surge de algo tan sencillo, como una cesta llena de alimentos.
Con tu ayuda, podemos darle a una niña la oportunidad de recibir ayuda y apoyo.
Apadrina ahora: juntos, podemos marcar la diferencia.