Desde muy pequeña, Phanna solo ha conocido pobreza. Hoy, en Camboya, cuida de madres y niños, ofreciéndoles ayuda, esperanza y el amor de Jesús.

Phanna tiene 23 años y vive en Korngva, un pueblo situado a pocos kilómetros de la frontera con Tailandia, donde escasea el agua y a muchas familias les cuesta enviar a sus hijos al colegio.
Hoy coordina las actividades de Compassion en su comunidad: dirige a los voluntarios, visita a las familias, organiza encuentros de oración y cuida de madres y niños en situación de vulnerabilidad. Conoce bien sus dificultades, porque las ha vivido en primera persona.
Su madre trabajaba lejos, en una fábrica, y la había dejado al cuidado de sus abuelos. Para sobrevivir, de pequeña, Phanna comía arroz con un poco de sal. A veces, la iglesia conseguía darle algo más.

Al crecer, Phanna decidió seguir a Jesús, a pesar de que su familia no compartía su fe y de que algunos vecinos la miraban con desprecio. Podría haberse rendido, pero siempre se mantuvo fiel. Así, en 2014, empezó a enseñar a los niños de la iglesia.

Fue precisamente esta experiencia la que le hizo darse cuenta de lo difícil que es para un niño pensar en el futuro cuando lo más importante es sobrevivir. Por eso, Phanna decidió dedicarse al cuidado de los más pequeños.
Hoy, mientras Compassion inicia su misión en Camboya, Phanna coordina un grupo de voluntarios que ayuda a 20 mujeres embarazadas y madres con hijos menores de 12 meses. Pronto, el centro comenzará a atender también a niños de más edad, acompañándolos en su crecimiento.

«Estamos agradecidos de que Compassion haya llegado hasta aquí», afirma el pastor Sameth, de la iglesia local. Lleva años trabajando por los niños más pobres, llegando incluso a visitar un vertedero e intentando evitar que los niños se conviertan en víctimas de trata de seres humanos.
Para Phanna, este servicio es algo profundamente personal: «Me duele ver a tantos niños abandonados a su suerte», cuenta.

Por eso, Phanna ha querido poner en marcha un programa de ayuda para las madres jóvenes, con el fin de mejorar sus vidas y, como consecuencia, también las de sus hijos.
Chantrea, de 32 años, es una de esas madres: su hija Nita, de nueve meses, recibe cada día una papilla nutritiva y pesa ya siete kilos.

«A veces es difícil cuidar de nuestros hijos. No disponemos de muchos recursos y nos cuesta garantizarles comida y atención médica. Gracias al apoyo de la iglesia, ahora las cosas son un poco más fáciles», cuenta.
Pero las madres como ella no solo encuentran ayuda, han encontrado una comunidad en la que pueden conocer el amor de Dios.

«Gracias a Phanna estoy conociendo mejor la Biblia y estoy creciendo mucho, tanto física como espiritualmente», cuenta Chantrea.
Phanna sigue visitando a las familias de los pueblos cercanos junto con sus voluntarios. Su deseo es que cada niño pueda crecer, estudiar y tener un futuro diferente al que la pobreza parece haberle destinado.

«Liberar a los niños de la pobreza en nombre de Jesús: ese es el lema de Compassion y es una frase que he podido experimentar», concluye Phanna, mientras se le llenan los ojos de lágrimas.

Nace la misión en Camboya. Ayúdanos a llevar el amor de Jesús a los niños.