Ríos, caminos de tierra y largas caminatas: para nuestros niños, volver al colegio es un reto diario. ¡Descubre las historias de Anona, Moussa, Anderson y Armando!
Cada día, Anona tiene que cruzar el río Kalinanga en una pequeña barca para llegar a su colegio. Durante la temporada de lluvias, el camino se vuelve peligroso, pero Anona no tiene otra opción.

Cada mes, el centro Compassion le proporciona material escolar: cuadernos, artículos de papelería y productos de higiene personal; todo lo necesario para ir al colegio sin tener que preocuparse por los gastos escolares.

Pero, sobre todo, es acogida y ayudada con cariño, para que asista regularmente al colegio y se mantenga sana.
Moussa vive en una pequeña ciudad de Burkina Faso. Le gusta comer «to», un plato a base de harina de maíz y salsa. Su madre se lo prepara antes de que se vaya al colegio en bicicleta.

Su sueño es ser médico y curar a los niños de su pueblo: «Estoy contento de que el centro Compassion me proporcione cada año el material necesario para ir al colegio. Que Dios bendiga a todos los padrinos y donantes».

Hace años, Moussa iba al colegio a pie. El trayecto era largo y agotador, lo que le dificultaba llegar a tiempo y seguir las clases: «Desde que recibí una bicicleta del centro Compassion, la vida es más fácil. El trayecto al colegio y al centro es mucho más agradable. También puedo hacer recados para mi madre con mi nueva bicicleta».
Anderson, de 7 años, vive con sus abuelos en un pequeño pueblo rural. Cada mañana se despierta a las 6. Si hay agua suficiente, puede lavarse, pero la mayoría de los días solo puede lavarse la cara y los dientes.
La única forma de llegar al colegio es atravesando caminos de tierra, a menudo llenos de baches y barro.

Durante la estación seca, se le llenan de polvo la cara, la ropa y los zapatos. Durante la temporada de lluvias, se cubren de barro. Algunos niños del colegio se burlan de él porque llega sucio, pero a él no le importa, porque le encanta ir al colegio y participar en las actividades del centro, cueste lo que cueste.
En el colegio le gusta dibujar y colorear, pero prefiere ir al centro Compassion, abierto hace tres años por la iglesia local. Allí es donde encuentra a sus mejores amigos, aprende versículos bíblicos y recibe comidas nutritivas.

«Anderson es un niño entusiasta y lleno de energía. Con los ojos bien abiertos, presta atención a todo lo que le explican los profesores», cuenta Christian, el director.
Para Armando, de 9 años, la educación es fundamental, aunque llegar al colegio le supone mucho más esfuerzo que a muchos otros niños del mundo: «Tardo más o menos una hora en llegar al colegio. Si corro, tardo incluso 30 minutos», dice sonriendo.

Rodeado de imponentes montañas, conoce bien el camino, paso a paso: «No todos tienen que caminar tanto para poder estudiar. Mi asignatura favorita es el español. Me gusta leer y me encanta ir al colegio».
Hace tres años, Armando se unió al centro Compassion del pueblo. Cuando Miguel, pastor de la iglesia local, llegó a la zona, no había espacios para los niños. Hoy en día, muchas cosas han cambiado: tras haber contribuido a completar un aula donde los niños pueden reunirse y aprender, ha visto a muchos de ellos crecer en la fe.

«Mi tutor me enseña la Palabra de Dios. Uno de mis pasajes favoritos es el Salmo 23. También tengo un padrino, con el que nos escribimos cartas: le quiero mucho», cuenta Armando.
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