Carta a los padrinos de mis hijos

Los hermanos Iván, de 10 años, y José, de 8, viven en las montañas peruanas con su hermano mayor y sus padres, José y Agustina. Esta familia no sabe qué habría hecho sin la ayuda del centro Compassion donde los pequeños están inscritos. En esta carta de Agustina, la madre, agradece a los padrinos de sus hijos el hacer posible la ayuda que les ha cambiado la vida.

Carta a los padrinos de mis hijos


Querido padrino,

Me llamo Agustina. Mi marido José y yo empezamos a formar una familia hace 12 años. Vivimos rodeados de preciosas montañas en Perú y tenemos tres hijos.

Hace alrededor de dos años, una persona de la iglesia iba paseando en bici por nuestro barrio. Recuerdo que nos vio y se acercó rápidamente diciéndonos “Ir a la iglesia y apuntar a vuestros hijos y os ayudarán”. Nos pareció interesante así que fuimos – ¡rápidamente! Ese mismo día mis dos pequeños fueron inscritos en el centro de Compassion de la iglesia de nuestra comunidad.


Carta a los padrinos de mis hijos


Vivimos cerca del centro. Mis hijos estaban muy emocionados por empezar a asistir, pero llegó la pandemia. Gracias a Dios no nos pusimos enfermos, pero nos afectó de otras formas. Ya no teníamos suficiente para subsistir, y ahora, ni mi marido ni yo podíamos salir a buscar trabajo.

No sabíamos qué hacer. Estábamos desolados. Incluso llegué a arrepentirme de haber tenido tantos hijos, ya que no podía proveer para ellos. Pero afortunadamente ¡ellos eran ahora parte del programa de Compassion!

Un día, mientras terminábamos nuestras bebidas de quinoa para desayunar, de repente, personas del centro se acercaron a nuestra casa con una gran cesta de comida. Tenía arroz, aceite, lentejas, azúcar y harina. Mis hijos sonreían de oreja a oreja. Esta sería la primera de muchas cestas de comida que recibiríamos.


Carta a los padrinos de mis hijos


Iván y Joseph van al centro todos los sábados y domingos muy temprano. Tienen profesores esperándoles para ayudarles con los deberes. Se habían atascado un poco en los estudios y ahora han aprendido a leer bien y están progresando en el colegio. También les dan material escolar, ropa, champú, jabón y kits de higiene para toda la familia.

Son todos muy amables, y también les hablan y enseñan acerca de Dios. Les han regalado sus propias Biblias y los llaman a menudo a ver cómo están. Siempre que llovía pasaban mucho frío, pero el centro les ha regalado chaquetas calentitas, y ¡no se la quieren quitar nunca!


Carta a los padrinos de mis hijos


Oramos para que Dios nos siga protegiendo día y noche. Puede que seamos pobres, pero Él es bueno. En el centro me dieron hilo para hacer chalecos y jerséis. Empecé a aprender. Me dijeron que podía venderlos y ganar algo de dinero.

También tenemos ahora algunos animales como gallinas, un cerdito y ovejas. Los niños los llevan a pastar; después les encanta correr y jugar al fútbol. También les encanta dibujar. Ahora sonríen más. Cuando pienso en el futuro de los chicos, ya no estoy tan preocupada.


Carta a los padrinos de mis hijos


Mi marido y yo siempre pensamos en las personas que hacen posible todo esto por nuestra familia. ¿Cómo podremos devolverles todo lo que hacen por nosotros? ¿Qué haríamos sin ellos? No lo sabemos.

Sólo sabemos que ya no estamos solos, así que estamos muy agradecidos.

¡Gracias!
Agustina


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