Tailandia: tras huir de la guerra y violencia, los niños de la etnia karen viven ocultos entre montañas. Sin identidad, sin derechos, ¿cómo encontrar esperanza?
Imagina no tener identidad. Y no tener acceso al colegio, a un trabajo legal o a atención médica. No te es permitido viajar o poseer un trozo de tierra. Acabarías viviendo en pobreza extrema.
Esta es la vida de miles de refugiados karen, que han huido de Myanmar a Tailandia. Una de estas personas es Thidarat, una niña de 11 años.
Thidarat vive en una aldea de montaña en Tailandia, en la frontera con Myanmar. El duro recuerdo de la guerra aún pesa sobre sus habitantes. Casi todos han huido de la violencia del país vecino.
Mouae, el padre de Thidarat, se crió en Myanmar; muchos de sus amigos fallecieron.
«Me aterrorizaban los soldados y la guerra. Una noche, le dije a mi mujer que era hora de escapar. Con ella y mi hija caminamos durante tres días hasta llegar a las montañas de Tailandia, donde estamos ahora»
Los karen, una minoría étnica de Myanmar, han sido explotados y humillados durante décadas. Día tras día destruyendo sus aldeas y violando a mujeres y niñas.
Para huir de la violencia, miles de personas cruzan la frontera con Tailandia. Acabando en campos de refugiados o viviendo como ilegales.
Los karen, hoy día, no tienen documentación y a menudo viven en extrema pobreza.
Kannika, responsable de un centro Compassion afirma:
«Muchos delincuentes suelen venir a nuestro pueblo prometiendo a los niños y niñas documentación y trabajo. Por desgracia, son falsas promesas»
Una vez llegan a las grandes ciudades, acaban en un círculo de trabajo ilegal. Muchas niñas son obligadas a prostituirse. Son víctimas de trata de personas, de la explotación y del abuso de menores. Sin documentación no hay protección, acceso a la educación o atención médica.
En estrecha colaboración con otras organizaciones, desde Compassion nos comprometemos a ayudar a los niños karen. Nuestros trabajadores saben cómo ayudar a los pequeños y sus familias con el fin de poder obtener documentación.
Thidarat es una de las cientos de niñas que, gracias a los padrinos y la iglesia local, han podido obtener la ciudadanía.
Ahora puede estudiar, recibir atención médica y moverse libremente. Y cuando sea mayor, podrá trabajar legalmente.
«Espero que todos mis hijos tengan un futuro mejor y que puedan cuidar sus vidas. Mis hijos son todo lo que tengo, son mi esperanza»
dice Mouae, el padre de Thidarat.
Junto a las iglesias locales, nuestros centros ayudan a los niños y familias karen.
«El centro Compassion es una referencia para todas las familias pobres», cuenta Kannika, que añade: «Los habitantes nos han acogido con cariño, porque junto con la iglesia local queremos marcar la diferencia».
Los niños como Thidarat son protegidos, amados y reconocidos. Junto a ti, queremos mostrarles el amor de Dios.
Con tu ayuda, podemos darle a un niño la oportunidad de recibir ayuda y apoyo.
Apadrina ahora: juntos, podemos marcar la diferencia.
O ayúdanos con una donación. ¡Gracias por tu generosa ayuda!